
Llegando a Covarrubias
13ª JORNADA
Miércoles,
9 de mayo de 2007
Parcial: 18,0 km; Totales: 345,7
Un pueblo con encanto
Tal como habíamos previsto anoche,
a las 06:15 horas suena la alarma del móvil. Es algo pronto pero no
hay más remedio que madrugar para evitar el calor que día a
día va en aumento. En el hall del hotel encontramos un termo lleno
de café con leche y un surtido de bollería. Es una buena idea
para los casos de que el bar no esté abierto a la hora que piensas
partir. Una vez desayunados ya podemos iniciar la jornada con algo caliente
en el estómago.
Dejando el Monasterio a nuestra izquierda
tomamos la carretera de Covarrubias. La Guía dice que existe un camino
alternativo que pasa por la Ermita de Santa Cecilia, situada a orillas del
río Mataviejas - el antiguo río Ura - pero no advertimos flecha
alguna y optamos por seguir la carretera en dirección a Covarrubias
sin desviarnos, tenemos verdadero miedo a perdernos.
A 600 metros dejamos la carretera que
por la izquierda se dirige al desfiladero de La Yecla, un paraje espectacular
digno de ser visitado alguna vez. Es esta la carretera que deberíamos
haber tomado en el caso de haber optado por pasar por la Ermita de Santa Cecilia.
A 1 km de la bifurcación sale a la derecha una pista en esa dirección.
Se rodea un poco (700 metros) pero creo que merece la pena para evitar el
asfalto y de paso tener la oportunidad de admirar una auténtica joya
mozárabe del siglo X de las pocas que aun continúan en pie en
España.
Nosotros eludimos el desvío y
seguimos de frente encontrando la carretera en obras de ensanchamiento por
lo que aprovechamos la calzada no pavimentada como andadero circunstancial
evitando en parte el asfalto.
A 4,8 km de la bifurcación, llegamos
a la altura de Santibáñez del Val que dejamos a nuestra izquierda.
Un pequeño pueblo a orillas del río Mataviejas y cercano a la
Ermita de Santa Cecilia.
A 1400 metros de Santibáñez, encontramos otra bifurcación, tomando la carretera de la derecha que se dirige a Covarrubias.
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Carboneras artesanales de Retuerta
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A partir de este punto, se acaba el llano
y comienzan los repechos. Caminamos sobre el maldito asfalto entre montes
de encinas. No tenemos prisa. De momento nos desprendemos de la ropa de abrigo
que comienza a agobiarnos. Menos mal que el tráfico de vehículos
es prácticamente nulo. Poco a poco y a ritmo vamos superando la pendiente.
3 km más arriba coronamos el puerto. 1 km de llaneo y la carretera
comienza el descenso encauzada por un estrecho barranco que va abriéndose
según se aproxima al valle donde divisamos la población de Retuerta
después de 3 km de bajada. Nos llama la atención un borrón
de negrura que destaca en medio del verdor de los campos. Enseguida nos percatamos
que se trata de unas carboneras artesanas. Un paisano se afana en su tarea.
Duro trabajo el de este hombre que parece obcecado en perpetuar la tradición.
Como ya llevamos 13,8 km recorridos, va siendo hora de hacer un receso. Bajo la protección del techo de una parada de autobús, tomamos asiento y nos damos buena cuenta de unas tabletas energéticas, bajo el ensordecedor ruido de una "pala" que tenemos casi encima recogiendo arena para que unos modernos peones camineros vayan corrigiendo las irregularidades de los márgenes de la calzada. No nos sentimos cómodos con tanto ruido y no es cuestión de martirizarse así que aligeramos y nos ponemos en marcha.
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Rollo jurisdiccional de Covarrubias
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De nuevo la carretera tira hacia arriba.
El asfalto va a ser hoy el protagonista de la jornada. Ya veremos mis ampollas
como se portan. Tenemos que recorrer un kilómetro y pico para alcanzar
un puertecillo. Tras una curva muy cerrada iniciamos el descenso al valle
del Arlanza entre campos de cereal y huertos pequeños. Enseguida tenemos
a la vista el río Arlanza que llevamos durante un rato a nuestra izquierda
hasta que de repente aparece Covarrubias junto al recodo que forma el río.
Llegamos a la ribera y antes de cruzar el puente advertimos a nuestra izquierda,
perdido en la soledad del campo, un esbelto "rollo jurisdiccional"
del siglo XVI. Cruzamos el puente y ya estamos entrando por las estrechas
calles de Covarrubias, mientras escuchamos las campanadas de las doce. Han
sido 4,2 km desde Retuerta y 18 km los totales recorridos.
Nos dirigimos a la Plaza Mayor, estampando
el sello de la credencial en el Ayuntamiento. En la Oficina de Turismo nos
informamos de los alojamientos eligiendo la Pensión Galín que
está ubicada en una de las casas con más solera de las que rodean
la Plaza Mayor, donde la dueña nos asigna una magnífica habitación
en la que llama la atención su enorme baño.
Después de una reconfortante ducha,
nos tumbamos en la cama para estirar las piernas y descansar hasta la hora
de comer. Hecho un vistazo a las ampollas. La cura realizada por Pepe en Santo
Domingo ha surtido efecto de lo cual me congratulo.
A la una y cuarto bajamos al comedor que en pocos momentos
se llena, buen síntoma. Como era de esperar, el menú del día,
estupendo. Terminada la comida a echarnos una buena siesta.
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Casas típicas de Covarrubias
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Floristería con artística
entrada
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Sobre las cinco salimos a visitar con detalle el pueblo. En primer lugar contemplamos la hermosa Plaza Mayor donde destaca la antigua Casa Palacio del Conde Fernán González en la que hoy en día se ubica la Casa Consistorial, que conserva una amplia puerta románica de dos arquivoltas, y el Hotel Arlanza, actualmente en restauración. Es un encanto deambular por el casco de Covarrubias entre sus casas que conservan vivo su porte medieval. Covarrubias fue fundada por el rey visigodo Chindasvinto en el s. VII sobre los restos de un castro romano, aunque fue el conde Fernán González y su hijo, el conde García Fernández, en el siglo X, quienes convertirían a Covarrubias en capital del primer Infantado de Castilla y cabeza de uno de los señoríos monásticos más importantes.
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Torreón de Doña Urraca
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Colegiata
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Seguidamente nos encaminamos a la Colegiata
de San Cosme y San Damián -los Santos Médicos - pasando por
delante de la estatua de la infanta Cristina de Noruega, primera esposa del
infante Felipe, hermano de Alfonso X el Sabio, situada en un hermoso paseo
de castaños.
La Colegiata fue construida en estilo gótico a mediados del siglo XV, como suele ocurrir, sobre otra anterior románica. En su interior, encontramos sentado en un banco, a un solitario señor bajo y regordete que no nos hace ni puñetero caso por lo que iniciamos, sin preguntar, la visita por nuestra cuenta. Destaca el Retablo Mayor barroco y el órgano. Bajo el altar mayor, descansan tres infantas abadesas, y en el presbiterio el Conde Fernán González y su esposa Sancha, en un bello sepulcro hispano-romano del siglo IV. Entre sus muros podemos ver los panteones de numerosas familias ilustres de la villa. Pasado un buen rato, sale de su letargo el buen señor y se dirige hacia nosotros mostrándonos los pases de visita que tenemos que pagar. Acto seguido ya convertido en nuestro cicerone, nos dirige a la capilla de los Santos Médicos para después pasar al claustro gótico, adosado al costado norte, construido en los primeros años del siglo XVI. En una de las galerías, se halla el sepulcro gótico de la infanta Cristina de Noruega.
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Infanta Cristina de Noruega
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San Cosme y San Damián en
su retablo
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A continuación, nos hace pasar al Museo donde podemos admirar una riquísima colección de piezas de arte sacro: capiteles románicos, tablas de Berruguete, Van Eyck, orfebrería del célebre maestro Calahorra, ropas litúrgicas de los siglos XVI al XVIII y la pieza mas valiosa del Museo, el tríptico de la Adoración de los Magos, magnífica talla anónima - de clara influencia flamenca - de finales del siglo XV. Terminada la visita, le pedimos que nos selle la credencial, más bien como recuerdo pues ya tenemos el sello del Ayuntamiento.
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Casas típicas de Covarrubias
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En el exterior hace mucho calor. Encontramos
una terraza de bar a la sombra, en una plaza con crucero, justo frente al
Torreón prerrománico de Doña Urraca - fortaleza mozárabe
del siglo X - donde tomamos asiento para saciar la sed con unas refrescantes
tónicas. El dueño del bar nos informa que el Torreón
es de propiedad privada y se utiliza de vez en cuando para grandes eventos.
Cuenta la leyenda, que la hija del fundador murió trágicamente
emparedada en dicho Torreón.
Una vez refrescados nuestros cuerpos continuamos el errático deambular por las calles de tan pintoresco pueblo, es un placer para los sentidos perderse entre sus casas, de arquitectura tradicional de adobe armadas por vigas de madera, plazuelas y soportales y saber estar saboreando un poco de Historia. Escenario perfecto para el desarrollo de una película de época. Nos dirigimos al puente desde donde tenemos una bella perspectiva de lo que queda de murallas, el Torreón y la Colegiata con el color tornasolado de fondo del atardecer y las golondrinas revoloteando por el cielo.
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Paseo de Poniente
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Puente sobre el río Arlanza.
Torreón y Colegiata al fondo
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Cruzado el puente seguimos en dirección a la Ermita de Nª Sra. de la Redonda pero cuando llevamos unos 500 metros, nos dice un paisano que la ermita queda a 4 km, así que a volver toca. Junto al puente me entretengo observando a una familia de alfareros en plena labor, modelando la arcilla para darle la forma adecuada y componer bonitas figuras de lo más característico del pueblo, es decir, sus típicas casas, la Colegiata y el Torreón. Mientras tanto, Pepe se aleja por la ribera del río lo suficiente para tomar una buena foto del puente.
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Crucero artístico
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Puerta de acceso principal a la
villa
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Después de pasar un rato viendo
la colección de objetos de alfarería a la venta, nos dirigimos
a la circunvalación del pueblo para localizar la salida de mañana
hasta llegar a la plaza del crucero y acceder de nuevo al pueblo por una entrada
monumental que formaba parte de la muralla, el Arco renacentista del Archivo
del Adelantamiento de Castilla con el escudo de Felipe II en lo alto.
Es hora de ir retirándose a cenar. Lo hacemos en la misma pensión. Durante la cena, preguntamos a la dueña si sabe de algún sitio entre Mecerreyes y Burgos para comer y dormir mañana.
-A la altura de Revillarruz tenéis la Venta de la Petra y un poco más adelante el Mesón Olmos -nos responde.
Muy buena información que tendremos
en cuenta. Como la distancia a Burgos es de 40 km, no nos vendría mal
parar a pernoctar a falta de unos 15 km que haríamos con tranquilidad
al día siguiente. Habrá que tomar la decisión sobre la
marcha, dependiendo del estado en que se encuentren nuestros cuerpos. Como
saldremos antes de abrir el bar, nos van a dejar preparado el café
con leche en un termo y algo de bollería.
Y sin más, a enchufarme el respirador
y a dormir a pierna suelta sobre la amplia cama. Dejo a Pepe, que parece incansable,
resolviendo un "sudoku".
Buenas noches y hasta mañana.