
Mi Diario
A mi esposa Loli y mis hijas Lolita, Esther y Merce que me ayudaron con
sus ánimos a emprender tan ardua como apasionante aventura.
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| "...una franja alargada y lechosa entre infinidad de estrellas que centellean en una noche sin luna con cielo limpio y profundo..." |
“Polvo, barro, sol y lluvia
es el Camino de Santiago ....”
Anónimo/Eugenio Garibay
Con la mochila ajustada
a mi espalda y el bordón a mi diestra, siendo las dos menos veinte de la tarde
del domingo día 2 de septiembre, se encuentra este peregrino dispuesto
para salir de Castellón en autocar de la Empresa Hife con destino a Zaragoza.
A despedirme me acompañan, mi esposa Loli y mi cuñado Antonio.
El viaje a Zaragoza se me
hace muy pesado por las continuas paradas del autobús que entra en todos
los pueblos habidos y por haber y eso hace que los kilómetros
se te hagan interminables; -todo sea por el Camino- debo resignarme.
A
las ocho y cuarto llego a Zaragoza. A pie de andén se encuentran esperándome
mi hija Loli y mi yerno Carlos. Después de desprenderme de la mochila
en su casa, salimos a tapear por los estupendos bares que esta bella
ciudad tiene la fortuna de poseer. Una vez repuesto el estómago y desentumecidas
las piernas, a descansar.

lunes, 3-sep-2001
La Gran Colegiata
El autocar con destino a
Pamplona, tiene su salida a las once y cuarto, así que no tengo necesidad de
madrugar y por otra parte, mi yerno Carlos al encontrarse de vacaciones me acompañaría
en su coche.
El autocar pertenece a la
Empresa “Conda” cuya sede se localiza en la Calle Navarra a la salida de Zaragoza
por la carretera de Logroño. Llegados al lugar de salida me despido de Carlos
y por teléfono de mi hija Loli que se encuentra en la Óptica.
Al andén llega a última hora una
muchacha con la mochila bien cargada y al instante intuyo que se trata de una
peregrina que se dispone a realizar el Camino de Santiago como un servidor, por
lo que la conversación estaría asegurada durante todo el trayecto.
Coincidimos en el autocar
en la misma fila de asientos, ella en el lado izquierdo y yo en el derecho.
Ella se percata al instante que yo también voy a hacer el Camino porque la pinta
que llevo no es precisamente la de un hombre de negocios, así que durante un
cuarto de hora nos observamos por el rabillo del ojo y solo faltaba el pistoletazo
de salida para iniciar la conversación, pistoletazo que obviamente
me corresponde darlo a mí.
Nos presentamos, ella aparenta
unos cuarenta y tantos, su nombre Vicenta nacida en El Cabañal (Valencia) pero
trabaja como ATS en un hospital de Denia en la unidad de hemodiálisis. A Zaragoza
la había acompañado uno de sus hermanos que es camionero. Demuestra
gozar de una gran locuacidad.
Aprovecharía los 10 días
que le quedan de vacaciones para dedicarlos a hacer lo que buenamente pueda
del Camino, pues le chifla sobremanera el contacto con la Naturaleza
y desea descargarse lo que pueda del estrés acumulado en sus obligaciones.
Me comenta que hace unos
años había estado en Nicaragua como cooperante de una ONG instruyendo a los
campesinos de ese país para que pudieran sobrevivir lo mas dignamente posible
con los escasos medios de vida que disponían. Allí le enseñaron a construir
tiendas de campaña lo que le ha servido para construirse una muy ligera de plástico
que es la que lleva en la mochila pues piensa pasar alguna noche de acampada
libre. Le advierto que tenga cuidado ya que en los Pirineos el tiempo es muy
variable y puede formarse una tormenta sin apenas avisar. Me contesta que procurará
instalarse cerca de alguna casa y si la cosa se pusiera fea poder llamar a la
puerta en busca de ayuda.
Le comento que yo soy marino
mercante de profesión y como tal había recorrido bastante mundo y tocado
muchos puertos. Me contesta que ella muestra un gran aprecio por la mar e incluso
había hecho alguna singladura en velero por el Mediterráneo. Me relata la anécdota
de un viaje muy interesante que hizo con un amigo desde el sur de Italia a Gandía
en un yate. Resulta que una mañana avistaron un cachalote que pronto se plantó
atrevida y peligrosamente muy cerca del costado, emergió su cabeza y por uno
de sus enormes ojos permaneció un rato inmóvil mirándola fijamente lo
que le causó una gran excitación. Estaba tan histérica que le entraron ganas
de lanzarse al agua para acercarse al cetáceo, pero su amigo advirtiendo sus
suicidas intenciones, le amenazó con atarla al palo si no se calmaba. A Dios
gracias, el cachalote fue alejándose poco a poco del yate y con un buen salto
y limpia inmersión se zambulló definitivamente en las profundidades. Fue un
acontecimiento difícil de olvidar mientras viviese.
Nos vamos intercambiando
informaciones familiares y diferentes anécdotas de nuestras vidas.
Mientras, ella tuvo que quitarse los calcetines pues le estaban abrasando los pies, mal comienzo para un gran viaje.
Sin apenas
darnos cuenta, el autocar se planta en Pamplona y una vez en los andenes de
la Estación de Autobuses, por cierto muy vieja y saturada de gases, huimos rápidamente
al exterior. Le digo que yo tenía la intención de ir a comer a Casa Manolo pues
había leído que era un restaurante donde se comía muy bien y ella se apunta.
Nos
indican donde se encuentra el restaurante y hacia allí dirigimos nuestros pasos,
con tan mala fortuna que resulta ser el día de descanso del personal. Preguntamos
a un chico por un sitio alternativo donde poder saciar nuestros estómagos vacíos
y nos recomienda el "Otano" en la calle San Nicolás del Casco Viejo.
Creo que no salimos perdiendo, pues la verdad es que nos metimos entre pecho
y espalda unas pochas de Sangüesa exquisitas, unos pimientos del
piquillo rellenos de carne y una manzana asada con helado que aplacaron totalmente
el hambre. Todo rico, rico, rico... como diría el maestro de cocina televisivo
Arguiñano.
Durante
la comida, Vicenta me explica que tenía intención de empezar el Camino en Saint-Jean-Pied-de-Port
pero duda como llegar hasta allí –el autobús de La Montañesa nos dejaría en
Roncesvalles-, baraja la posibilidad de ir a Bayona y de allí en autobús al
pueblo tras-pirenaico, pero al final decide ir a Roncesvalles y allí que fuera
lo que Dios quisiese.
Como
todavía es pronto y el autobús no saldrá hasta las seis de la tarde, nos sentamos
a reposar la comida en un banco a la sombra en la amplia Plaza Príncipe de Viana
con su hermosa y florida fuente en el centro. A las cinco abren las tiendas
y la acompaño para comprar sus calcetines "Cool Max", después un poco
más de banco y a la Estación de Autobuses.
Hay dos autobuses para Roncesvalles, nos asignan plaza en el segundo pues el primero está ya completo. Durante el trayecto vamos observando el paisaje intentando adivinar por donde discurre el Camino que tendremos que patear de regreso a Pamplona, los bosques se suceden de una ladera a otra. Todo lo que contemplamos a través de las ventanas del autobús se nos antoja impresionante.
A las siete y cuarto el autobús
nos deja ante la gran Colegiata de Roncesvalles. Nos despedimos deseándonos
todo lo mejor y sobre todo BUEN CAMINO perdiéndose ella entre el bullicio. Va
a intentar contactar con otros peregrinos que quieran compartir un taxi para
llegar a S. Jean. Ya no la volví a ver más.
En una dependencia de la Colegiata me sellan la Credencial que mi hija Loli me había conseguido en Zaragoza y como el Albergue estaba al cien por cien, creo oportuno reservar habitación en el hostal La Posada.
La Misa Solemne del Peregrino en la iglesia de la Colegiata resulta impresionante, cantada al estilo gregoriano por tres sacerdotes y sus acólitos. A su término, el celebrante anima a los peregrinos a que nos acerquemos hacia el altar y tiene unas palabras de aliento para todos en sus respectivas lenguas. Bendición y para concluir, el canto de la Salve. Fueron unos momentos de gran emoción.
La
cena en el restaurante del Hostal La Posada muy bien, ensalada navarra de cogollos,
espárragos y anchoas y trucha a la navarra y de postre flan. Después a llamar
por teléfono a la familia y a dormir que mañana habrá que madrugar y seguro
que esta noche los nervios me impedirían dormir bien. El Camino estaba
a punto de iniciarse, los nervios a flor de piel y no sé por qué se me
antoja que la primera jornada iba a ser algo dura, por lo menos, eso es lo que
indican las Guías.