
Llegando a Hornillos del Camino
23ª Jornada
Miércoles, 20 de abril
de 2005
Burgos-Hontanas
Parcial
Me levanto sin
prisas. Son las ocho y media cuando salgo del Albergue después de despedirme
del hospitalero Manolo, muy amable en todo momento con todos los peregrinos, al
que agradezco sus atenciones.
Atravieso el Parral
por su avenida central saliendo por la puerta enrejada a la altura del Hospital
de Rey, hoy convertido en dependencias universitarias. Mucha historia que
contar entre sus muros (1).
Después de un buen
desayuno en la cafetería de
Dejando Villalbilla atrás la señalización jacobea te hace dar un
rodeo para salvar una nueva autovía. El Camino continua por una pista que
discurre paralela a la carretera. En Tardajos me aprovisiono
de una torta de pan, de esas que tan bien saben elaborar los panaderos
burgaleses.
En Rabé de las Calzadas paso por el Albergue para saludar a Mariví pero me dice el compañero que está en la cama ya que
no se encuentra bien. Después de rogarle le transmita mis recuerdos y mi deseo
de recuperación, me siento en un banco de la plaza a tomar un “bocado”. ¡¡Qué
rica me sabe la torta de pan!! Aún sin relleno está sabrosa.
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Platero
y yo
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Enseguida doy comienzo
a la subida al primer páramo. Qué hermosa está toda la meseta,
verde en su totalidad!! Es un placer para los sentidos. Dos kilómetros más
allá paso por delante de
En compañía de Chris entro en Hornillos del Camino. Buen sitio y hora para
entrar a comer en el único bar que existe en el
pueblo. En el comedor coincidimos con otro joven peregrino de Girona, Jordi. Los tres en compañía degustamos el menú del
peregrino compuesto por unas riquísimas lentejas estofadas y pollo a la
cerveza. Tras un rato de media-siesta reanudamos juntos el Camino.
A la salida de
Hornillos se asciende a otro páramo hasta alcanzar en una hora y cuarto el
vallecillo formado por el Arroyo San Bol donde se emplaza
un austero refugio. Seguidamente un tercer y último páramo antes de llegar a Hontanas que como siempre se hace interminable. Gracias a
que unas antenas situadas lejos pero visibles ligeramente a la derecha del
camino son una excelente referencia del lugar donde se localiza el pueblo hacia
el que nos dirigimos. Por otra parte, ir conversando ayuda mucho a que los
kilómetros se sucedan con mayor rapidez.
Una hora y cuarto
más y ya estamos descendiendo del páramo y entrando por la calle Mayor de
Hontanas. Pasamos delante del Bar
de Vitorino pero continuamos directamente hacia
el Albergue Municipal. Desde la última vez que pasé por allí han abierto dos
albergues privados, uno de ellos con bar-restaurante.
El albergue está
casi a tope. La cama que me toca en suerte tiene el colchón muy blando. Qué le
vamos a hacer, el peregrino tiene que conformarse con lo que le ofrecen.
Después del sistemático
aseo personal me dirijo al bar del albergue privado
donde encuentro a mis compañeros peregrinos y algunos más, uno procedente de
Aranda del Duero, un matrimonio catalán y un muchacho
portugués. Entre trago y trago se forma una agradable tertulia. Resulta que Jordi es cocinero. La dueña le pide consejo profesional
sobre cuestiones de restauración y Jordi no tiene
inconveniente en asesorarla. Mientras tanto, el marido se aprovecha de Chris para que le traduzca al inglés una carta. Da la
impresión que los dueños no están muy al corriente del negocio pero no han
querido perder la oportunidad de montar un albergue integral aprovechando el
flujo de peregrinos que pasa por allí en continuo aumento año tras año. Por
otra parte, el matrimonio propietario se desvive por atendernos lo mejor
posible e incluso nos invitan a alguna consumición. La mujer es el alma mater del
negocio, se la nota emprendedora y además sobrada de amabilidad, presupuesto
básico para llevar adelante el negocio, mientras que el marido parece como si
fuera a remolque de ella.
Ya que estamos
allí, aprovechamos para tomar algo sólido en la barra que nos sirva de cena.
Poco a poco voy tomando parte activa de la historia de este Camino y eso me complace.
Sobre las diez, nos retiramos al albergue a descansar. Pienso en el peregrino con el que intercambié bordón en Belorado, aún no he dado con él, es extraño. Seguro que él estará, con mayor motivo, pensando igual que yo. Pienso que ya he sobrepasado los 600 km y hay que ver lo bien que me encuentro. Qué lejos queda ya Castellón!! Parece como si estuviera viviendo un sueño.
A pesar de la blandura
del colchón, no es óbice para caer pronto entre los brazos de Morfeo.
Buenas noches y
hasta mañana.
NOTAS:
(1) El Hospital del Rey
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Puerta
de los Romeros
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El Hospital
del Rey fue fundado por el Rey Alfonso VIII, en 1195: «De sí en Burgos moraba e un hospital façía él,
e su muller labraba o monasterio das Olgas», dicen unos versos de las Cantigas.
Desde 1212
hasta el siglo pasado, estaba bajo la jurisdicción de la abadesa de las
Huelgas, que puso a su cuidado doce «freires» y siete capellanes.
En época de
Alfonso X fue un gran centro de acogida de peregrinos y enfermos pobres: «...que todos los romeros que pasan por el
camino françés et de otro lugar, dond
quier que vengan, que ningúnd
non sea refusado dend, más
todos reçebidos, et que ayan
y todas las cosas que mester les fueran de comer et
de beuer et de albergue...».
A fines del
siglo XV contaba con ochenta y siete camas y era uno de los más importantes de
todo el Camino Francés.
Cuando algún peregrino moría, se le enterraba en el cementerio situado frente a la puerta llamada de Romeros, presidido por una capilla dedicada a san Amaro, un romero francés que renunció a volver a su país para dedicarse al cuidado de los peregrinos. La capilla y el monumento funerario que acoge en su interior son obra ya del siglo XVII.
Los restos arquitectónicos que se
conservan del viejo Hospital Real se han aprovechado para modernas
instalaciones universitarias. Son construcciones que van desde el siglo XIII al
XVIII. Se articulan en torno al patio de Romeros, cuya puerta de ingreso,
fechada en 1526, está presidida por una imagen de Santiago sedente, bajo el
busto de Alfonso VIII y, arriba del todo, san Miguel, que alancea al dragón. Lo
más antiguo son las puertas de la enfermería y de la iglesia, formalmente en
consonancia con las edificaciones del cercano monasterio de las Huelgas, lo que
avala su construcción simultánea. El pórtico es plateresco y lo corona, al este
(delante de la iglesia), una imagen de Santiago Matamoros, acompañado de temas
jacobeos, como las veneras. También es plateresca la casa de Romeros, de Juan
de Vallejo. Más sencilla, pero también del siglo XVI, es la puerta del Compás,
detrás del conjunto hospitalario, que se completa con otros pabellones (ahora
biblioteca y seminarios universitarios), producto de diversas ampliaciones de
los siglos XVII y XVIII.
(Información recopilada del Centro
Virtual Cervantes)