
22ª Jornada
Martes, 19 de abril de
2005
Agés-Burgos
Parcial
Tomamos un buen desayuno
con tazón a la antigua usanza mientras contemplamos a través de un
gran ventanal una bella panorámica de
Así que bien abrigado
y protegido con el chubasquero me despido de Juan Luis
hasta Burgos, dando comienzo a la etapa de hoy.
Los dos kilómetros
y medio hasta Atapuerca los hago por la carretera
bajo un persistente chirimiri. En Atapuerca
dejo el asfalto por una pista totalmente embarrada que por la izquierda se
dirige a lo alto de la sierra. Hay que esforzarse un poco, pero los kilómetros
que ya llevo encima me proporcionan la suficiente resistencia para no padecer
en exceso. Solamente la lluvia y el barro son mis peores enemigos. Llego por
fin a la gran cruz de madera con piedras en su base situada en la cumbre.
Desde ese punto se debería reconocer Burgos hacia el oeste pero las condiciones
meteorológicas no son las más adecuadas y me tengo que conformar con
adivinarlo.
En ese punto no quiero
perder el camino señalizado como la primera vez y desciendo pegado a la alambrada
procurando seguir las flechas o manchas amarillas. Al final llego a una pista
y la flecha amarilla me dirige hacia el norte, no hay ninguna duda. Enseguida
otra flecha me desvía hacia la izquierda, el oeste, la buena dirección. Me
detengo unos instantes pensando donde me había equivocado en mi primer Camino
cuando desde la cruz del alto me dirigí hacia las antenas para luego descender
pegado a la cantera. Observo la cantera que la tengo un poco desviada hacia
el norte. Ahora lo veo todo claro. Tenía que haber tirado hacia la izquierda
una vez en la pista por esa otra alternativa.
Seguro de mí mismo
y ya por mejores pistas alcanzo el poblado de Villalbal.
Allí comienza el asfalto pero como esta mojado por la lluvia se anda bien.
Paso por Cardeñuela,
Son las 12:25, buena
hora para tomar un aperitivo. En el bar me encuentro
con el grupo riojano-madrileño haciendo cábalas
sobre su coche de apoyo al que esperan.
Una vez en Burgos, encuentro a mi amigo Juan Luis y juntos nos dirigimos al Parral, donde él hace de hospitalero con asiduidad. Me presenta a Manolo, el hospitalero de turno que muy atento me asigna litera. No hay problema para elegir catre.
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Con
Juan Luis en Casa Trilles
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Albergue
del Parral
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Después de una buena
siesta, nos acercamos al centro donde hemos quedado con nuestras buenas amigas
y peregrinas burgalesas Visi, Irene y Angelines.
En el Bar Pineda (antes Espolón) compartimos una
agradable velada poniéndonos al día de nuestras respectivas vidas.
Ya con la noche encima,
volvemos al Albergue donde me despido Juan Luis
que esta vez no me puede acompañar pues no se encuentra en las mejores condiciones.
-Otra vez será -me dice resignado- me das una envidia..., enfin BUEN CAMINO.
Buenas noches y hasta
mañana.